La década de los noventa encuentra a la arqueología chilena entrando a la madurez como disciplina científica y ocupando un lugar dentro del concierto académico, intelectual y profesional de la nación. Hoy día, hay más de un centenar de arqueólogos trabajando en diversos temas y regiones. entre ellos se encuentran destacados miembros de las generaciones de los años cincuenta y sesenta, así como muchos jóvenes portadores de ideas, motivaciones y energías nuevas. A éstos, prontamente se unirán más de 30 nuevos egresados que terminarán sus estudios universitarios en las postrimerías de este milenio.

En el futuro, la arqueología chilena deberá seguir algunos caminos marcados por el desarrollo de esta disciplina en el ámbito mundial y del quehacer científico del país, así como resolver algunos problemas que históricamente han frenado su desarrollo.

Forman parte de esta agenda del siglo XXI los estudios de postgrado, que hasta el momento solamente han sido llevados a cabo por unos pocos investigadores. Si bien en muchos casos éstos serán efectuados en el extranjero, es necesario que se consoliden, expandan y diversifiquen las actuales ofertas de posgrado que existen en el país. Del mismo modo, será necesario el desarrollo de una mayor cantidad de centro de investigaciones regionales, especialmente en aquellas áreas donde ellas no existen. También se deberá implementar un sistema nacional de publicaciones que permita dar a conocer, en forma rápida y con adecuados procesos de evaluación, los resultados de la cantidad creciente de investigaciones que suponemos tendrá lugar en los próximos años. A la vez, será necesario incrementar sustantivamente la cooperación e integración con los arqueólogos de países vecinos, ya que, sin ellos, permanecerán sin solución una serie de problemas acerca de una prehistoria en la cual no existían las actuales fronteras nacionales. Por último, las investigaciones del futuro deberían basarse en una mayor reflexión teórica acerca de los problemas abordados, así como tener un mayor sustento en técnicas más sofisticadas de análisis.

No obstante, para que la arqueología alcance un mayor grado de desarrollo, será necesario que los arqueólogos sean capaces de abordar de forma más sistemática su interacción con la sociedad nacional. Poner a disposición del público el conocimiento que la arqueología produce, así como la reflexión y discusión entre los arqueólogos acerca de cuál es el alcance social, cultural e ideológico de dicha actividad, deberán constituirse en tareas prioritarias del próximo milenio. El futuro de la arqueología depende, tanto de su desarrollo académico, como de la capacidad para dar valor social contemporáneo a aquel distante pasado que le preocupa.