Cornejo L., 1997; Buscadores del Pasado.
En: Chile antes de Chile. Museo Chileno de Arte Precolombino. Santiago

El período de los fundadores

Desde muy antiguo el estudio del pasado de la humanidad ha constituido para la cultura occidental una actividad intelectual esencial y profundamente enraizada en su concepción del saber y la ciencia. Durante los últimos dos siglos esta preocupación por el pasado ha tomado distintas orientaciones, que han seguido el devenir del pensamiento histórico y social. Así, mientras en épocas anteriores el centro de interés estuvo únicamente en la historia de la cultura occidental y sus más remotos antecedentes, desde mediados del siglo XIX el interés por tiempos anteriores al surgimiento de la escritura y por el pasado de pueblos no occidentales, han ocupado un papel destacable.

Este proceso, iniciado en Europa, trascendió rápidamente a otras partes del mundo. Ya a fines del siglo pasado se organizan estudios sistemáticos en distintos países. Dicho movimiento tuvo especial impulso en nuestro país, donde la influencia cultural europea entre los intelectuales era muy marcada y donde existía una numeros población indígena descendiente de antiguos pueblos precolombinos.


José Toribio Medina
En 1878 se organiza el primer grupo de estudiosos de estos temas, bajo el marco de la Sociedad Arqueológica de Santiago, la que en 1880 publica el primero y único número de la Revista Sociedad Arqueológica. Entre los miembros de esta Sociedad figuraban grandes personalidades del quehacer intelectual de la época, tales como Federico Philippi, Demetrio Lastarria y Augusto Orrego Luco.

A esta Sociedad pertenecía también José Toribio Medina, quién en 1882 publica un extenso tratado, titulado Los Aborígenes de Chile, que es la primera obra de síntesis sobre la prehistoria y la etnología de los pueblos autóctonos del territorio nacional. En ella, Medina reúne todos los antecedentes existentes hasta la época, realiza análisis comparativos y propone un panorama general, poniendo especial atención en la presencia de los Incas en Chile y en la situación del pueblo mapuche. En años posteriores, este historiador continúa entregando una serie de estudios más detallados sobre temas arqueológicos, lingüísticos y antropológicos.

Estos acontecimientos y personas inauguran un primer gran período de la investigación arqueológica en Chile. Este se caracteriza por estudios individuales, principalmente de carácter histórico y realizados por investigadores de distintos orígenes disciplinarios, muchas veces relacionados con las ciencias naturales o la historia, cuya principal formación en arqueología provenía de la experiencia, la lectura y su participación en sociedades científicas de diversos tipos. Entre éstas, además de la ya mencionada Sociedad Arqueológica de Santiago, habría que recordar la Societé Scientifique du Chili, formada por miembros de la colonia francesa en Chile, la Sociedad Científica, constituida por alemanes y sus descendientes, y la Sociedad Chilena de Historia y Geografía.


Friedrich Max Uhle
Este período inicial en la historia de la investigación prehistórica en nuestro país tiene su clímax en la primera década del presente siglo, con la llegada a Chile del investigador alemán Friedrch Max Uhle y con el fuerte impulso de las investigaciones de Ricardo E. Latcham y Aureliano Oyarzún.

El Dr. Uhle fue contratado en 1886 por universidades norteamericanas para realizar trabajos arqueológicos en Perú, cuyos resultados permitieron establecer que antes de los Incas habían existido en estos territorios grandes civilizaciones, cuestión que era completamente ignorada antes de sus trabajos. En 1910, Uhle realiza un breve viaje a Chile con la intención de evaluar la posibilidad de realizar investigaciones en el norte del país. Su visita es muy bien acogida y en 1911 el gobierno chileno lo contrata para que organice el Museo de Etnología y Arqueología. Su labor en este museo continúa hasta 1916, logrando formar una de las primeras colecciones bien documentadas y debidamente catalogadas que existió en el país. Posteriormente, hasta 1919, se radicó en Arica, donde, a pesar de ya no contar con apoyo estatal, persisitó en sus investigaciones en la costa.

El legado de este investigador alemán es muy extenso e incluye tanto su labor institucional en el Museo, como sus postulados aparecidos en varias publicaciones. Singular relevancia tiene la formulación de la primera secuencia histórico-cultural para el Norte Grande, la cual será utilizada por muchos años como piedra angular de la prehistoria de esta región. A la vez, la marcada influencia de sus métodos de trabajo y de muchas de sus ideas en los nóveles investigadores que comenzaban a trabajar en el país, favoreció el desarrollo de una arqueología mucho más sistemática y de mayor profundidad teórica que la previamente existente. Su influencia es especialmente perceptible en los trabajos de Latcham y Oyarzún, los cuales, en propiedad, pueden ser reconocidos como los fundadores de la arqueología sistemática en Chile.


Aureliano Oyarzún
Precisamente en la misma época en que Max Uhle realizaba su primera visita a Chile, el Dr. Oyarzún publicaba sus primeros trabajos arqueológicos. Durante su larga vida dedicada a la investigación, se preocupó de diversos temas relacionados con la arqueología de Antofagasta y tarapacá, poniendo especial énfasis en la cultura Atacameña, sin ignorar otras áreas como la arqueología del sur, la Isla de Pascua y Chile central. Sus trabajos fueron presentados en medios de divulgación nacionales como la Revista Universitaria y la Revista Chilena de Historia y Geografía, así como las reuniones científicas realizadas en el extranjero, especialmente en tres Congresos de Americanistas celebrados entre 1910 y 1914 y en el 2º Congreso Panamericano de Washington, en 1915.

Oyarzún ocupó los más altos cargos en las instituciones dedicadas a la arqueología y la antropología durante varias décadas. Fue editor de la revista chilena más importante en este tema durante la primera mitad del siglo, la Revista del Museo de Arqueología y Etnología. Fue presidente de la Sección de Arqueología, Antropología y Etnología de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía y ocupó el cargo de Director del Museo de Etnología y Arqueología. Desde este último cargo impulsó el trabajo del etnólogo Martín Gusinde, el más importante estudioso de las poblaciones indígenas del territorio austral.


Ricardo E. Latcham
Contemporáneo con Oyarzún y Uhle, el ingeniero Ricardo E. Latcham realizó uno de los aportes más sustantivos al conocimiento de la prehistoria chilena durante este siglo. Latcham era originario de Inglaterra y llegó a Chile en 1888 para realizar trabajos de ingeniería y topografía en el sur del país. Posteriormente, en 1897, realiza en La Serena sus primeros trabajos arqueológicos, estudiando sitios tanto en la costa como en el interior. En 1902, ya era miembro de la Sociedad Arqueológica de Santiago y frecuentaba los principales museos de la ciudad. Sus principales áreas de interés estuvieron relacionadas con el origen del pueblo mapuche, las influencias de la cultura Tiwanaku en el norte, la tecnología agrícola y cerámica, la religión de los indígenas del Perú, entre muchos otros temas. Su obra quedó plasmada en libros de singular importancia, tales como La alfarería indígena Chilena (1982), la Prehistoria Chilena (1936) y la Arqueología de la Región Atacameña (1938), en los cuales planteó ideas y antecedentes que en cierta medida continúan vigentes hasta el día de hoy. su trayectoria le significó recibir el grado de Doctor Honoris Causa de la Universidad Mayor de San Marcos, en Lima, y en 1928, ser nombrado Director del Museo Nacional de Historia Natural, cargo que ocupó hasta su muerte en 1943.

Estos primeros investigadores realizaron en conjunto un avance significativo en el conocimiento sistemático de la prehistoria chilena, sentando las bases para el desarrollo de la arqueología como una disciplina que tenía un lugar dentro de los círculos intelectuales y científicos del país. Ellos hicieron pública una prehistoria que era hasta ese entonces desconocida, rompiendo con la errónea idea de que los pueblos que habitaron el territorio nacional antes de la llegada de los españoles carecían de cultura y, por tanto, de interés como parte del patrimonio cultural del país.